Mawlid al-Nabi: historia, celebración y perspectivas islámicas

Mawlid al-Nabi: historia, celebración y perspectivas islámicas


La celebración del nacimiento del Profeta (PBD) / El nacimiento del Profeta del islam en una mirada general / Los acontecimientos ocurridos durante la noche de su nacimiento / Ahmad, el Profeta anunciado en la Torá y en el Evangelio ‌

La celebración del nacimiento del Profeta (PBD)

Mawlid al-Nabi se refiere a las festividades y ceremonias organizadas para conmemorar el aniversario del nacimiento del Profeta Muhammad (PBD). A nivel global, los musulmanes honran esta fecha a través de congregaciones religiosas, recitación del Corán, conferencias, obras de caridad y actividades dedicadas a reflexionar sobre la vida y el legado del Profeta. En diversas naciones de mayoría islámica —como Irán, India, Pakistán y Egipto—, esta conmemoración está reconocida como un día festivo oficial.

Una amplia mayoría de eruditos, tanto sunitas como shiítas, coincide en que celebrar el nacimiento del Profeta (PBD) es una expresión cultural y religiosa legítima, fundamentada en el amor, el respeto y la gratitud.

Desde este punto de vista, la conmemoración no se impone como una obligación canónica ni como un pilar inalterable del islam, por lo que rechazan que sea catalogada como una innovación religiosa censurable (bid‘a),ya que la verdadera bid‘a consiste en introducir un precepto nuevo afirmando que es una obligación esencial de la fe sin tener respaldo escritural. Por el contrario, honrar al Profeta mediante la lectura del Corán o la asistencia a los más necesitados se considera una práctica loable.

En contraste con la visión mayoritaria, la corriente wahabí califica el Mawlid al-Nabi como una innovación religiosa estrictamente prohibida (bid‘a). Su argumentación principal radica en que ni el Profeta, ni sus compañeros (Sahaba), ni las primeras generaciones (Salaf) llevaron a cabo este tipo de celebraciones.

Bajo este marco teológico, los líderes religiosos wahabíes prohíben categóricamente la organización y asistencia a estas festividades. Algunas fatwas de los wahabíes llegan incluso a prohibir el consumo de los alimentos o dulces que se distribuyen durante la ocasión (al-Dawish, Fatawa al-Laynah al-Da’imah, vol. 3, p. 29). El Gran Muftí de Arabia Saudita, ‘Abd al-‘Aziz ibn Baz, fue uno de los voceros más estrictos de esta postura, rechazando cualquier legitimidad de la conmemoración.

El debate en torno al Mawlid al-Nabi se centra esencialmente en la interpretación del concepto de bid‘a. Mientras que shiítas y la mayoría de sunitas ven en esta fecha una oportunidad cultural y espiritual para reavivar el amor por el Profeta a través de buenas obras, el wahabismo mantiene un enfoque literalista, rechazando la asignación de festividades que no formen parte explícita de la práctica de las primeras generaciones del islam.

La perspectiva de los eruditos sunitas y shiítas:

Enfoque sunita: El destacado erudito Muhammad ibn ‘Alawi al-Maliki argumentó que estas reu n i o nes son inmensamente beneficiosas para la propagación del mensaje islámico y la enseñanza de la Sirah (biografía profética). Al-Maliki criticó duramente las posturas prohibicionistas extremas (resumen de Mafahim Yajib an Tusahhah, pp. 243-318). De igual manera, Yusuf al-Qaradawi respaldó el Mawlid basándose en versículos coránicos, señalando que recordar las bendiciones divinas fortalece la fe y no constituye una bid‘a.

Enfoque shiíta: Figuras como Sayyid Ibn Tawus recomendaron fervientemente dedicar este día al estudio de las virtudes y la Sunna auténtica del Profeta (Iqbal al-A‘mal, vol. 2, p. 603). Tradiciones recopiladas por Sheij al-Tusi sugieren que ayunar en esta fecha otorga una gran recompensa espiritual. Además, el ayatolá Ya‘far Sobhani presenta un argumento coránico diciendo: si el día en que Jesús recibió la mesa servida del cielo es festivo, con mayor razón lo es el nacimiento de Muhammad, quien liberó a la humanidad de la idolatría (Furuq Abadiyat, vol. 1, p. 151).

El bendito nacimiento del Sello de los Profetas y Mensajeros, el Noble Enviado de Dios (PBD) tuvo lugar, según la narración más conocida, el día 17 del mes de Rabí al-Awwal, mientras que, de acuerdo con una narración menos difundida, ocurrió el día 12 de ese mismo mes. Por ello, Rabí al-Awwal es considerado un mes de alegría, celebración y regocijo.[1]

En consecuencia, es plenamente apropiado honrar, exaltar y conmemorar esta fecha. Se ha insistido especialmente en la importancia de venerar y celebrar el día del nacimiento de la primera de todas las criaturas y señor de todos los seres posibles: el Noble Profeta del islam (PBD).[2]

Por esta razón, resulta conveniente que los musulmanes organicen reu n i o nes y encuentros en los que puedan familiarizarse cada vez más con la personalidad del Noble Profeta del islam (PBD), así como con su conducta, su ejemplo y la historia de su vida.[3]

 

El nacimiento del Profeta del islam en una mirada general

El Profeta Muhammad (PBD) nació en La Meca. Su padre fue Abdullah ibn Abd al-Muttalib y su madre, Amina bint Wahb. Su nacimiento tuvo lugar al despuntar el alba, un viernes, durante el año conocido como el Año del Elefante.[4]

En los relatos sobre la vida de la venerable madre del Noble Profeta del islam —Amina, que la paz de Dios sea con ella— se narra que, cuando llevaba al Profeta en su vientre, un ángel se le apareció y le dijo:

«Llevas en tu vientre al señor de esta comunidad. Cuando nazca, di: “Lo pongo bajo la protección del Allah Único contra el mal de todo envidioso”. Después, ponle por nombre Muhammad».[5]

 

Los acontecimientos ocurridos durante la noche del nacimiento del Profeta

Durante la noche del nacimiento del Sello de los Profetas, el Gran Mensajero de Dios (PBD) ocurrieron diversos prodigios y señales extraordinarias.[6][7]

Según los relatos históricos, al mismo tiempo que nacía el Profeta, los ídolos de la Kaaba cayeron al suelo, el templo del fuego de Persia se apagó, el lago de Sawa —que era objeto de veneración por parte de algunos grupos— se secó, y una parte del palacio de los reyes tiránicos se resquebrajó y se derrumbó.[8]

En determinados períodos de la historia, los idólatras escogían para su adoración objetos y seres inanimados e irracionales pertenecientes al mundo natural. Por ello, algunos se convirtieron en adoradores del sol; otros comenzaron a rendir culto a las estrellas, y otros adoraron la luna.[9] Incluso hubo quienes veneraron algunos ríos y lagos importantes, como el río Nilo y el lago de Sawa.

Quizá el secamiento del lago de Sawa y la extinción del templo del fuego de Persia, ocurridos en el momento del nacimiento del Noble Mensajero de Dios (PBD), se debieron precisamente a que ambos lugares eran objeto de adoración por parte de los seres humanos.[10]

Así pues, las bendiciones que se manifestaron para la humanidad con motivo de su nacimiento fueron, en su conjunto, signos del comienzo de una nueva era en el camino del monoteísmo y en la lucha contra el politeísmo y la idolatría.[11]

 

La destrucción del ejército del Elefante

El acontecimiento de los Compañeros del Elefante tuvo lugar en el mismo año del nacimiento del Profeta Muhammad (PBD).[12]

Los «Compañeros del Elefante» eran las tropas que habían partido desde Yemen y que, por diversas razones, marcharon hacia La Meca con la intención de destruir la Kaaba. Sin embargo, por mandato de Dios, todos ellos fueron aniquilados.[13] El resumen de esta historia es el siguiente:[14]

El cristianismo se estaba extendiendo en Yemen, al sur de la península arábiga. Allí gobernaba un comandante enviado por los cristianos de aquella región. Su nombre era Abraha, antepasado del Negus contemporáneo del Profeta (PBD).

Abraha construyó en Yemen una iglesia extraordinaria, quizá sin igual en el mundo de aquella época. Sentía un profundo apego por aquel templo. Sin embargo, un día descubrió con sorpresa que algunas personas habían entrado en él durante la noche, y lo habían incendiado.[15]

Este acontecimiento lo afligió y lo perturbó profundamente, por lo que comenzó a investigar quiénes podían ser sus responsables. Finalmente llegó a la conclusión de que quizá los politeístas árabes de La Meca habían cometido aquel acto. Por ello, reunió un gran ejército y emprendió la marcha hacia La Meca, decidido a vengarse de los habitantes de la ciudad mediante la destrucción de la Kaaba.

Cuando el ejército de Abraha se aproximó a La Meca y sus habitantes vieron aquella enorme fuerza militar, sintieron un gran temor. En primer lugar, nunca habían visto un ejército montado sobre elefantes; en segundo lugar, jamás habían presenciado un ejército de semejante magnitud y poderío.

Abraha se detuvo cerca de una de las montañas de La Meca y envió a un mensajero para que llevara ante él al jefe y principal autoridad de la ciudad. En aquel tiempo, el dirigente de La Meca era Abd al-Muttalib, el ilustre abuelo del Profeta del islam (PBD).

La grandeza y la dignidad de Abd al-Muttalib impresionaron de tal manera a Abraha que este descendió de su trono, tomó la mano de Abd al-Muttalib y se sentó junto a él en el suelo. Después le explicó la razón de su expedición contra La Meca y le preguntó:

—¿Qué deseas pedirme?

Abd al-Muttalib respondió:

—Yo poseía doscientos camellos, pero tus soldados los han confiscado. Ordena que me sean devueltos.

Abraha, que esperaba que Abd al-Muttalib hablara sobre su intención de atacar la Kaaba, se sorprendió ante aquella petición y le dijo:

—¿Acaso solo hablas de tus camellos?

Abd al-Muttalib respondió:

«Yo soy el dueño de los camellos, y esta Casa tiene un Señor que la protegerá».

Después de aquella conversación, Abd al-Muttalib regresó a la ciudad y ordenó a sus habitantes que se dispersaran por las montañas cercanas a La Meca y que buscaran refugio en ellas.

El ejército de Abraha avanzó entonces hacia la Casa Sagrada con la intención de destruirla. De repente, los soldados que montaban los elefantes divisaron una nube que se aproximaba desde el mar Rojo. Cuando la nube estuvo más cerca, observaron que estaba formada por pequeñas aves. Cada una de ellas llevaba tres pequeñas piedras, aproximadamente del tamaño de un garbanzo: una en el pico y dos entre sus patas.

Dios no preparó un ejército aún más grande para enfrentarse a aquella inmensa fuerza de elefantes. En lugar de ello, envió a aquellas pequeñas aves para combatirla. Cada ave tenía la misión de matar a tres soldados del ejército de Abraha. Las pequeñas aves cumplieron completamente su cometido y acabaron con todo el ejército de los elefantes. Solo un hombre sobrevivió para llevar a Yemen la noticia de la vergonzosa derrota de aquella expedición.[17]

Algunos sostienen que existe una relación entre el nacimiento del Profeta del islam (PBD) y la destrucción del ejército de Abraha.[18] Como si Dios hubiera querido advertir que, en un futuro cercano, surgiría de la tierra de La Meca una personalidad que revitalizaría esta Casa Sagrada y llenaría el mundo de fe, amor y fraternidad.[19]

En cualquier caso, la importancia de este gran acontecimiento fue tal que aquel año pasó a llamarse Año del Elefante y se convirtió en el punto de partida del calendario utilizado por los árabes.[21]

 

Ahmad, el Profeta anunciado en la Torá y en el Evangelio

En los textos que actualmente conservan judíos y cristianos también pueden encontrarse señales y anuncios referentes al surgimiento del Profeta Muhammad (PBD).[22]

En tres pasajes del Evangelio de Juan se hace especial énfasis en la palabra Paráclito —en griego, Parákletos o Periklýtos—, que se traduce como «consolador». En uno de esos pasajes se lee:

«Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador —el Paráclito— para que permanezca con vosotros para siempre».[23]

En otro lugar se afirma:

«Pero cuando venga el Consolador —el Paráclito—, a quien yo os enviaré de parte del Padre, es decir, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio acerca de mí».[24]

Y en el capítulo siguiente se dice:

«Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador —el Paráclito— no vendrá a vosotros. Pero si me voy, os lo enviaré».[25]

La palabra Paráclito, que en griego se expresa como Periklýtos o Parákletos, corresponde al nombre Ahmad y coincide plenamente con el versículo 6 de la sura al-Saff, donde se afirma:

“(Cristo dijo) Yo os anuncio a un Mensajero que vendrá después de mí y cuyo nombre será Ahmad”».[26]

También aparece otro anuncio en el libro del Génesis de la Torá. En el capítulo 17 pueden encontrarse señales que no parecen corresponder sino al Profeta del islam (PBD). En los versículos 17 al 20 se lee:

«Y Abraham dijo a Dios: “¡Ojalá Ismael viva delante de Ti!”. [...] En cuanto a Ismael, también te he escuchado. Mira, lo he bendecido, lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará doce príncipes, y haré de él una gran nación».[27]

Teniendo en cuenta que el Profeta del islam (PBD) desciende indudablemente de Ismael, y que el anuncio citado afirma que de él surgirá una gran nación y que producirá doce señores e Imames, resulta claro que no puede haber otro verdadero destinatario de esta profecía que el propio Profeta del islam (PBD).

Si además se incorpora la palabra Madmad (equivalente a Muhammad), presente en el texto hebreo aunque omitida en algunas traducciones árabes, el asunto resulta todavía más evidente.[30]

Por supuesto, también se han mencionado muchos otros anuncios y buenas nuevas en los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. Explicarlos todos requeriría un desarrollo mucho más extenso.[31]

 

La predicción de Bozorgmehr, el sabio ministro del Imperio persa, sobre la llegada del Profeta del islam

Bozorgmehr fue un sabio y ministro del Imperio persa, que vivió poco antes de la aparición del islam. Inicialmente pertenecía a la religión de sus antepasados, vinculada al mazdeísmo y al zoroastrismo. Sin embargo, posteriormente se inclinó hacia la religión de Jesús —la paz sea con él— y comenzó a aconsejar a la gente. Se cuenta que dijo:

«He oído que, al final de los tiempos, llegará un Profeta llamado Muhammad al-Mustafa (PBD). Si alcanzo a vivir en su época, seré el primero en creer en él; y si no llego a encontrarlo, espero ser resucitado junto con su comunidad».[32]

 

El día del nacimiento del Noble Profeta (PBD) es el comienzo de una nueva etapa en la historia de la humanidad

No cabe duda de que el 17 de Rabí al-Awwal es una de las grandes festividades del islam y una fecha de enorme importancia histórica y espiritual.

Tal como han registrado los historiadores, los acontecimientos que tuvieron lugar alrededor del nacimiento del Noble Profeta del islam (PBD) demostraron que se había abierto una nueva página en la historia de la humanidad.

En realidad, aquellas transformaciones extraordinarias fueron el preludio de la profunda transformación que el Noble Profeta produciría en el mundo. La historia de su misión y de su levantamiento espiritual constituye verdaderamente una de las páginas más luminosas de la historia: una historia que inauguró un nuevo capítulo en la vida de los seres humanos.[34]

 

Notas

[1] Mafatih Nowin, p. 614.

[2] Iqbal, p. 603; Mafatih Nowin, p. 616.

[3] Mafatih Nowin, p. 616.

[4] Misbah al-Mutahayyid, p. 791, y Iqbal, p. 603; Mafatih Nowin, p. 614. El «Año del Elefante» es el año en que Abraha llegó con su ejército, montado sobre elefantes, con la intención de destruir la Kaaba, pero todos fueron aniquilados.

[5] Sira de Ibn Hisham, vol. 1, p. 166; Payam-e Qur’an, vol. 1, p. 262.

[6] Misbah al-Mutahayyid, p. 791, y Iqbal, p. 603; Mafatih Nowin, p. 614.

[7] Para más información, véase Muntaha al-Amal, vol. 1, p. 44.

[8] Payam-e Imam Amir al-Mu’minin, vol. 1, p. 229.

[9] Los versículos 76 a 78 de la sura al-An‘am aluden a la adoración del sol, la luna y las estrellas.

[10] Ejemplos hermosos del Corán, vol. 1, p. 271.

[11] Payam-e Imam Amir al-Mu’minin, vol. 1, p. 229.

[12] Dastan-e Yaran: colección de estudios exegéticos del ayatolá Makarem Shirazí, p. 124.

[13] Ibíd., p. 113.

[14] Ibíd., p. 124.

[15] Los abundantes juramentos del Corán, p. 524.

[16] Al-Tafsir al-Munir, vol. 30, p. 404; Dastan-e Yaran: colección de estudios exegéticos del ayatolá Makarem Shirazí, p. 126.

[17] Los abundantes juramentos del Corán, p. 525.

[18] Tafsir Nemuneh, vol. 27, p. 335.

[19] Dastan-e Yaran: colección de estudios exegéticos del ayatolá Makarem Shirazí, p. 124.

[21] Sira de Ibn Hisham, vol. 1, pp. 38-62; Buluq al-Irab, vol. 1, pp. 250-263; Bihar al-Anwar, vol. 15, p. 130 y siguientes; Mayma‘ al-Bayan, vol. 10, p. 542; Tafsir Nemuneh, vol. 27, p. 335.

[22] Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 420.

[23] Evangelio de Juan, capítulo 14, versículo 16; Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 420.

[24] Ibíd., capítulo 15, versículo 26; Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 420.

[25] Ibíd., capítulo 16, versículo 7; Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 421.

[26] Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 421.

[27] Ibíd., p. 430.

[30] Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 430.

[31] Para más información, véanse Anis al-A‘lam, Las profecías de la Biblia y Las profecías y las comparaciones; Payam-e Qur’an, vol. 8, p. 432.

[32] La ética islámica en el Nahy al-Balaqa —Sermón de los piadosos—, vol. 1, p. 371.

[34] Texto del mensaje del ayatolá Makarem Shirazí, 3 de Azar de 1397 del calendario persa.

 

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